Hoy vuelvo a escribir por recomendación de mi amiga, Camila Ríos Armas, y por enseñarme dónde ver las estadísticas de mi blog. ¡Qué fino es saber que hay gente que visita este espacio!
Prometo ahora escribir más seguido. Muchas cosas han pasado desde la última vez que me aparecí por estos lados. Volví a Londres, dejé a mi familia hecho un desastre en el aeropuerto (como siempre), comencé la universidad (estoy full hasta los teque-teques), empecé a trabajar (me gane un bono de 200 Libras YEAH), y me fui a Estambul por el fin de semana.
Estambul es una ciudad tan INCREÍBLE que escribir un párrafo describiendo mi impresión no tendría sentido. VAYAN.
Pero de todas maneras, les voy a contar un poco sobre mi primera vez como viajero liviano –o mochilero- en un país islámico.
Les confieso que cuando miré a Estambul desde la ventana del avión sentí un poco de miedo. Pensé que la diferencia de cultura me iba a afectar tanto, que no me iba a sentir cómodo nunca. Resultó ser todo lo contrario ya que al final del viaje no me quería devolver a Londres; una semanita más no hubiera estado nada mal.
Del aeropuerto (que es el mejor del mundo según el cartel que tiene afuera), nos fuimos directamente al Hostal. El hostal queda en un distrito/municipio/urbanización/barrio llamado Sultanahmet. El nombre es el mismo de un Sultán que se llamaba Ahmet, quién si no me equivoco, fue el que mandó a construir la Mezquita Azul.
La gente que trabajaba en el Hostal era demasiado buena vibra. Ya el miedo que sentí en la cabina del avión se me había quitado. El desayuno estaba incluido en la tarifa así que el plan era comer como unos degenerados en la mañana y así aguantar hasta la tarde-noche. Ustedes saben, vida de estudiante es algo como una sub-vida.
Repito, esta era mi primera vez quedándome en un Hostal. ¡Qué trago tan amargo! Cuando mi compañero de cuarto en Londres, Samuel, y yo entramos nuestra habitación habían dos chinos durmiendo en las literas al lado de las nuestras ¡Qué sensación tan rara dormir con dos extraños en tu mismo cuarto! Entre los tres cuartos compartidos que habían, estaba una sala que conectaba todo con los baños que OBVIAMENTE también eran compartidos. El olor a tufo era horrible.
Dos recomendaciones:
1) Tráiganse cholas. Créanme, no van a querer bañarse descalzos en esa ducha como yo lo hice.
2) Llévense toallas (yo sólo me traje dos toallitas pequeñas y pasé un poco de trabajo secándome)
3) No olviden champú y jabón. Yo enserio no sé en qué estaba pensando cuando hice la maleta. Quizás asumí la inocente idea de que en el hostal me iban a dar toallas y el champú (al final jabón si había: el que uno utiliza para lavarse las manos en cualquier baño público. Ése que es líquido. Resulta que durante esos tres días sobreviví a punta de puro jabón líquido).
A pesar de esto, el ambiente del hostal me encantó. Había gente de todas partes del mundo en el mismo plan que nosotros: conocer. Por un momento me sentía como en la película de La Playa con Leonardo DiCaprio (esto suena súper ridículo pero es la única manera en que lo puedo explicar) Se sentía demasiado fino llegar en la noche, conectarse en Internet y escribirle a los amigos. Me sentía remotamente lejos (y de hecho, Turquía es lo más lejos que he estado de casa) pero a la vez tan cerca gracias a la computadora. Solamente en este sentido, VIVA L A GLOBALIZACIÓN.
El hostal tenía una terraza desde la cual podías ver el mar Bósforo (o Boas que en Turco significa garganta) que conecta al Mar Negro con el Mediterráneo creo. Por fin pudimos disfrutar del sol.
Hay algo que me dejó pensando al final del viaje. Durante los tres días que estuvimos quedándonos en el Hostal nos hicimos amigos del recepcionista y el bartender (la cerveza turca EFE no está nada mal). Mientras nos tomábamos los tragos le contábamos al bartender que somos de Venezuela pero que estudiamos en Londres, que estamos acá solo por el fin de semana, y todo ese peo.
El último día nos fuimos a despedir del bartender quien nos pregunta: vuelven a casa?
Yo dije no.
Samuel, mi roomate, dijo sí.
Yo dije –bueno, sí, vuelvo a Londres pero no a Venezuela.
¿Supongo que Venezuela ya no es mi hogar?
(Más tarde escribiré más anécdotas sobre Estambul y el viaje como tal. Por ahora solo quería hablar de mi primera experiencia en un Hostal)
Buenas noches,
Alejo.
Yo me hice la pregunta días atrás cuando soñé que llegaba a "mi" cuarto y era este cuarto...
ResponderEliminarEsa es la eterna pregunta de todos los que se mudan de país (o mudamos, pero lo mío es "momentáneo"). Creo que nuestro hogar siempre será nuestro hogar. Estando aquí, he descubierto que si bien físicamente la casa está en Ccs, es como si llevara mi hogar siempre conmigo (algo super cursi, lo sé).
Pd: Me encanta, keep, keep :)