Yo no lloro.
Yo lloro cuando me veo a mi mismo en tercera persona. Cuando me paro y digo: pobre Alejandro, en que situación se ha metido.
Mira como desvía su mirada, como en el momento indicado aprovecha para irse de la fiesta, se monta en el bus que va a casa, se sienta y cierra los ojos.
Mira como se devuelve solo. Como camina lento con los ojos ya empapados. Esta tullido de frío.
Mira como quiebra en llanto.
Mira como nadie lo escucha, solamente yo.
Me da lástima.
Yo me bajo del bus y camino junto él. Me siento a su lado y comparto con él su dolor, aunque él no lo note. Me uno a su tristeza y a su soledad, aunque esto no sirva de nada.
De repente, sin darme cuenta, yo también estoy llorando. Su llanto es el mio y su dolor atraviesa mi pecho como un tubo oxidado. Por el frio, me acurruco frente a los arboles que decoran la calle.
Luego me paro
me voy para la casa
y escribo.
Y yo lloro con él...
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