Atardecer en Dubai

Atardecer en Dubai

domingo, 22 de enero de 2012

De tarde en Barcelona

Un amigo en Londres una vez me dijo que no existe mejor sentimiento que la emoción de ver a tus mejores amigos después de mucho tiempo. Que nada se compara con eso.

Yo me levanté con una ligera dosis de ese sentimiento la madrugada del 7 de Agosto de 2011, cuando tomaría un avión a Barcelona. Allí, finalmente, luego de 203 días de espera, iba a rencontrarme con mis amigos de toda la vida, miembros principales de mi hogar en Venezuela. De allí, nos iríamos de caravana por Europa.

Llegué a Barcelona trasnochado, cansado y muerto de sed. Luego de caminar interminables calles buscando el hostal, tenía la convicción de que nos habían engañado y que el hostal no existía, de que nos habían robado los reales. Después de mucho buscar, lo conseguí. Dejé mis cosas y me fui a comer. Rafael, Pedro, Soto, Pancho y Cheo llegarían más tarde.  



A medida de que pasaba el tiempo mi emoción crecía cada vez más.

Nunca podré olvidar como me sentí cuando tomábamos shots de Whisky (horriblemente caliente) en el infernal verano Catalán. Estábamos todos en nuestro cuarto poniéndonos al día. Fue un momento en el que pude saborear el presente, sonreír y disfrutar el solo hecho de tenerlos en frente de mí. No lo podía creer. Yo me regodeaba ante la cantidad de días que íbamos a pasar juntos. Placer que en se momento parecía infinito, pero que luego, a medida de que pasaría los días, se convertiría de nuevo en costumbre:

La costumbre o el privilegio de estar con ellos, acá en Europa, acostumbrados, sin sobresaltos. La costumbre del hogar.




Y así, la emoción se derrochó la primera noche de manera fugaz. Tomamos, salimos, comimos (muy, MUY mal) y finalmente caímos rendidos.





Que felicidad. Al fin pude respirar de nuevo. Oxígeno puro.




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